En el Concejo de Aller hay importantes restos que constatan la presencia de los primitivos pobladores y la invasión romana. Los puñales hallados en El Gumial y la necrópolis megalítica del Padrún permiten datar la presencia humana en el año 4.000 antes de Cristo.

En la Pola de El Pino se encuentra un monolito de piedra arenisca con forma fálica, conocido como el Moyón de la Corralá. Tiene grabadas cruces y una figura antropomorfa.
El asentamiento prerromano se constata en los diferentes castros que se pueden ver en la zona. Los castros eran los pequeños poblados de casas circulares de piedra, situados en lugares elevados.
Los efectos de la romanización se contemplan en las diferentes calzadas conservadas (La Carisa y Pto. Vegarada). Se conserva una lápida en honor de la divinidad de Júpiter en la iglesia de Serrapio.